martes, 20 de septiembre de 2011

Del yo al otro

He sentido muchas veces que en el mundo existían personas parecidas a mi, pero más de una vez me olvidé de quienes no eran como yo ¿egoísmo?¿individualidad?¿desinterés? nunca lo pensé.
Pero el encuentro con la realidad cotidiana, con los otros de todos los días y sobretodo el oír sus experiencias, me hicieron entender lo pequeño que era mi mundo y lo errada que estaba, no quería abrir los ojos a lo distinto, a la diversidad, a la vida misma.
El encuentro con José, marcó todo mi camino de allí en adelante. En aquel viaje al Noroeste de Salta, me encontré con el tesoro más escondido y con el secreto de mi futuro.
Al entrar en aquella escuelita de pueblo...no pude contener tanta satisfacción, me encontré de un modo tan puro con personas olvidadas.
José era el maestro auxiliar bilingüe en una escuelita para niños Wichi, él era mi principal contacto y con su ayuda ingresé a otra vida, tan diferente pero a la vez muy familiar.
La escuela proponía la enseñanza intercultural bilingüe, la misma facilitaba el ingreso a la vida del mundo occidental y a la vez le permitía a los más jóvenes de la tribu, mantener su propia cultura y lenguaje.
José me explicaba constantemente su forma de vida, muchas cosas me costaron entender aunque él me contenía diciendo:
-somos PERSONAS con otras ideologías y cosmovisiones, con nuestros propios tiempos y formas de pensar.
Más de una vez lo escuché discutiendo a la escuela castellanizante y me mostraba lo difícil, complicado y doloroso que es educarse en un contexto que no atiende la diversidad cultural y lingüista.
Un día, me invitó a tomar unos mates con los jóvenes de la tribu y me hacía notar cómo éstos buscaban renunciar constantemente a sus raíces, avergonzándose de las mismas por verse atraídos por el mundo en que yo vivía. José con dolor, me explicaba de que esas son las consecuencias de haber recibido una educación homogeneizante, con una incorrecta lectura de los aborígenes (principalmente en los manuales de estudio) y lo que le producía mayor congoja era la progresiva pérdida de su lengua... aún así con firmeza expresó:
-Nosotros vivimos resistiendo, desde que ustedes invadieron nuestras culturas. Con el lenguaje nos pasa lo mismo, resistimos. No entiendo por qué ustedes dejan que su lengua se pierda tan fácilmente. Nosotros lentamente fuimos inmortalizando la lengua oral al hacerla escrita y de a poco, nadie nos va a poder negar.
Esa es su lucha por una causa justa y adecuada para la comunidad Wichi y todo es logrado gracias a la educación real intercultural, porque para favorecer esa pugna es necesario un entendimiento global de las situaciones desde la perspectiva del Nosotros y del Ustedes.
Aún le queda mucho por desarrollarse a esta nueva forma de enseñanza, los maestros wichi no tienen formación profesional, son idóneos y esto se debe a que la mayoría de los institutos de formación docente no contemplan aún la interculturalidad bilingüe y el ingreso a las mismas implicaría una mutilación de su cultura. Es por esto que les hace falta gente que les enseñe cómo educar, respetando sus cosmovisiones... y es éste mi objetivo futuro.
¡Como nunca siento que el otro existe! y a su vez saco varias conclusiones. Los aborígenes en Argentina poseen dos grandes urgencias... por un lado sobrevivir en nuestro mundo occidental, lo que los lleva a la necesidad del dinero y por otro, el apuro de mantener su identidad atacada por lo primero y que trae consigo conflictos dentro del mismo pueblo como por ejemplo lo que veía con los jóvenes wichis.
Mi segunda conclusión fue que también hay excluidos en mi vida diaria y va más allá de sólo los aborígenes...pienso en los más pobres, en las personas sin alguna capacidad física, que más de una vez miramos con ojos de superiores.
Necesitamos más humildad y comprensión del otro y entender que nuestra vida como va nos hace cambiar de collar pero no de tiranía; si nos seguimos dejar embelezar con los espejitos de colores del hoy, otros mas astutos y desinteresados... seguirán apropiándose de lo más importante, de nuestra vida.

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