jueves, 21 de abril de 2011

Meditaciones de una vagabunda en el tren de la melancolía.

El tren llegó a la hora prevista, miré el ticket para comprobarlo y luego subí. Ya estaba acostumbrada a mi vida andariega, aunque todavía recuerdo la voz de mi papá que rogaba para que me quedara… pero necesitaba recorrer mi propio camino, ser yo.
¡REBELDÍA ADOLESCENTE! gritaba mi mamá, ¡ya se le va a pasar!...dejala que se vaya, vuelve en unos segundos.
Me fui y hoy realizo un nuevo viaje, ¿a dónde? Depende de la última parada del tren…
¡¿Rumania?! Me gusta.
He vivido tantas cosas en estos dos años, no digo que todo ha sido perfecto y tranquilo pero es realmente excitante, me pone a prueba todo el tiempo. Cada vez que subo a un nuevo tren me alejo más de casa, aún así, el recuerdo de lo que viví esta intacto.
Escribo para sentirme mejor, es un modo que elegí para ir pasando las hojas de este libro interminable… pero siempre algún recuerdo melancólico vuelve a traspasar las fronteras de mi mente y no existe territorio alguno al que pueda llegar sin antes cortar la unión al dolor que alguna vez sentí.
“Nunca pensé que todo esto terminaría así. Tal vez si se hubiera podido evitar sería más feliz. A lo mejor no fue un error, o tan sólo es un momento más de crecimiento.
Más allá de todo, tengo la certeza de que tu maldito espíritu no siente las premisas de un corazón perturbado, aturdido y hasta incluso decepcionado.
Quisiera saber si sos real, si existís o si fue mi mente que en un intento macabro de subsistencia te creó y te dio vida mientras pensaba e imaginaba una realidad cuasi perfecta. Quiero saber si te puedo sentir concreto en cada rincón de mí ser. Quiero entender tus pensamientos, tu sentir…pero a la vez anhelo que siempre seas ese secreto, esa duda imposible de descubrir que me lleva a un frenesí difícil de detener, que me invita a redescubrirte cada día y te hace tan único e inigualable para mí.
Estoy sedienta de un veneno increíblemente mortal pero a la vez tan exquisito y dulce del cual no puedo alejarme. Me debilita en cada instante de lucha o sufrimiento pero al mismo tiempo me llena de tranquilidad porque hace más placentera mi vida.
¡Vaya contradicción! Lograste confundirme, volverme mi propia prisionera; pregunto constantemente ¿fue un error? ¿fue mi error?
¡Maldito! Maldito el tiempo, la hora, el minuto exacto en que encontré la razón de mi locura, de mis noche de melancolía e insomnio… ¿hay marcha atrás?
No hay nada que discutir ni mucho menos hablar, yo si existo y quiero lograr mi felicidad, recuperar la cordura y atar lazos de paz interior.
Hoy soy, hoy estoy, aunque mi alama deambule por espacios cada vez más entremezclados. Busco olvidar lo que tal vez nunca existió y fue logrado de un deseo convertido en un mal sueño. Pero me di cuenta que como nunca y a la vez como siempre sos real”.
Doy otra vuelta de hoja, nunca pensé que llegaría el momento en que te recordaría… estoy lejos, muy lejos, no me persigas… Bajo en la próxima estación.

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