De tradición italiana, todos los
domingos nos juntamos con mi familia para almorzar. El lugar es siempre es el
mismo...la casa de mi abuela, el sitio en donde nos sentamos en la mesa siempre
es el mismo y el tema de conversación suele ser bastante recurrente.
Desde que mi familia, del lado de
los “La Torre” llegaron a la Argentina, la gran mayoría de sus mujeres
estudiaron para ser docentes. Las hermanas de mi abuelo, llegaron incluso a ser
directoras. Según cuenta la historia familiar, mi abuela le enseñaba a mi nono
cuando eran novios las materias del secundario mientras que ella estaba
haciendo los últimos cursos del Normal Superior.
Más tarde, mi tía estudió también
para ser maestra, pero ella siempre menospreció su plan de estudios, diciendo “fueron
sólo dos años, me sirvió para madurar mentalmente y después pude estudiar para
ser profe de geografía”. Mientras, mi papá hizo la carrera de Ingeniero en
sistemas y al mismo tiempo que la cursaba, del colegio en donde se egresó, lo
convocaron para dar clases. Claro, para aquel entonces, de la escuela se
graduaban técnicos en informática y por eso solicitaron su experiencia para
transmitirla en los cursos superiores del secundario.
Cuando mis padres se casaron, mi
mamá dejó la carrera de Química Industrial y se dedicó a ser ama de casa, pero
con el tiempo se dio cuenta que tenía que colaborar en casa con otro ingreso y
se anotó para estudiar magisterio en el Carbó terminando la carrera en el
Garzón Agulla. La lógica y fundamento de aquella elección era simple “son tres
años, me gusta enseñar y ya soy grande para otra carrera”.
Actualmente, en palabras de mi
abuela “la tradición continua con vos María Ayelén, con tu prima (profesora de
inglés) y tu hermano que estudia para ser profesor de educación física”.
Lo interesante de este pequeño
recorrido histórico es llegar al momento del debate después de los fideos con
salsa y del pollo a la sal. En ese lapso de tiempo toman voz y postura cada una
de las tradiciones docentes.
Imagínense, en mi casa hay fácilmente
cuatro formaciones docentes distintas, pero a la vez bastante similares.
Mi abuela, es la típica docente
de láminas dibujadas a mano, cantitos para las tablas y lectura de poesías. Mi
tía es la seño que tiene más de diez años de docencia, que se cansó de dar
clases frente a los niños y que decidió dejar el aula para entrar al ministerio
e investigar sobre el curriculum, obviamente en el área de ciencias sociales.
Mi papá hace poco terminó el trayecto pedagógico y actualmente trata de sacarle
las anteojeras a más de un docente en su escuela e intenta aplicar algo de lo que aprendió comprendiendo
más a los adolescentes de estos tiempos. Por su parte mi mamá, creo que es una
de las pocas que se dio cuenta que su formación fue muy escasa y dedicada para
formar niños consumistas, competitivos e individualistas y no para de empaparse
con las nuevas formas de entender la enseñanza obstinada en buscar lo mejor
para sus estudiantes.
Finalmente estamos nosotros, los
más jóvenes, que estamos terminando nuestros profesorados, que tenemos por un
lado los consejos de los docentes de la familia, por otro lado las
recomendaciones de nuestros profesores y también nuestras propias luchas
internas contra un modelo construido en nuestro pensamiento tras trece años de
educación obligatoria y lo que escuchamos en nuestros entornos de amigos y
compañeros.
Esto es fundamento más que
suficiente para entender por qué es importante estudiar la historia de la
educación. Poder leer entre líneas los discursos de cada formación docente es
empezar a tomar postura sobre cómo van a ser nuestras prácticas, para poder discriminar
entre múltiples opciones de enseñanza lo que va a ser lo más óptimo para
nuestro grupo.
Estudiar la historia de la
educación es entender también que hay rupturas y continuidades, que en palabras
de Paulo Freire “la realidad no es así la realidad esta así .. que nuestra
lucha busca cambiar esta realidad y no acomodarnos a ella”.
Todo esto, nos llevará a ser un
docente con criterio, que pueda darse cuenta que es un profesional de la
educación y que la historia nunca termina, sino que nosotros en este preciso
presente continuo la estamos haciendo.
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